The meanings of the selfie

Categorías: Crónicas

por: Martica Minipunto / artista: Gabriel Lara

James Franco publicó en su página de Facebook una serie de fotografías: The Meanings of the Selfie. La muchacha que revisa su perfil de Facebook intempestivamente descubre a la estrella de Hollywood que impone la moda selfie con sus fotos: desnudo frente al espejo, despertando en su cuarto de hotel, en el set de rodaje de alguna película…

Lo cierto es que la muchacha pensó en sus posibilidades selfies, en sus estrategias selfies, y se deprimió por saber que era nulo el contenido selfie de su perfil de Facebook. Porque la muchacha revisa Internet gracias a una búsqueda exhaustiva de espacios (ETECSA, tarjetas de hoteles, amigos con acceso “libre” gracias a cuentas robadas/pagadas/ganadas). La muchacha soporta todo porque ya tiene bastante con saber que es casi imposible twittear a algún famoso o introducirse en el mundo de Instagram, y ella solo quiere exhibirse selfie, posar selfie para la democracia de Facebook.

Se toma fotos en plano picado con su copia de Iphone 4, en cenital acostada en su habitación, en nadir caminando por sus calles preferidas de La Habana, junto a dos o tres famosos en un bar nocturno... Prepara una carpeta donde junta esas interpretaciones insulares del selfie, la titula: The Meanings of the Selfie.

Escucha el sonido eléctrico de la conexión vía telefónica en casa de su amiga (conexión ganada). Reduce el tamaño de sus fotos y escribe todos los pies de foto (fragmentos de poemas, frases y canciones que no puedan ser leídos nunca como contenido “cheo” o abusivo), y sabe que crea manifiestos cubanísimos sobre el selfie, sobre su connotación en la juventud cubana, y sabe que creará un alegato contemporáneo de la muchacha con swing que es fan a James Franco.

Lee algunos mensajes, chequea sus notificaciones y está dispuesta a rendir homenaje posmoderno a James. Sin embargo, consternada con los comentarios de sus amigos tras la primera foto, quiso saber si el selfie dejaba de significar self-reference, o si era una especie de arrebatadora idea selfish en la que todos se sienten felices en la gran burbuja/pecera esperanzadora de las redes sociales. No supo si su interés amoroso por James o su aspiración a una Internet libre, revisada por wifi y publicar la foto a pocos segundos de ser tomada, le ayudarían a confiar en vivir una vida selfie, a seguir una moda selfie, a creer en el confort selfie, en la revolución selfie, en la militancia selfie, a excitarse selfie o radicalizar el goce selfie.

La conexión se cae de pronto; la amiga de la muchacha le advierte que han pasado tres horas y ya tiene que desconectarse. La muchacha sale de su perfil confundida: ¿había sido ella capaz de dominar “the meanings of the selfie”, o apenas comenzaba a soñar con una imagen más hermosa de sí misma en otra realidad?, ¿había sido James Franco quien le insistía en tomarse fotos a sí misma para no quedarse atrás con esta nueva tendencia contemporánea?

De vuelta a casa, crea con el contenido de la carpeta un collage de imágenes personalísimas, y su culto a James Franco nunca fue descubierto por sus amigas y amigos con mínimo acceso a Facebook, aunque los comentarios de sus conocidos foráneos parecían comprender verdaderamente “the meanings of the selfie”. Ella se preguntaba cuándo podría vivir a la moda de las redes sociales en su Isla, sin que su delirio fotográfico suene subdesarrollado o imposible, sin que sus selfies no sean reconocidas.

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