S.O.S.; securitys en la ciudad

Categorías: Crónicas

por: Martica Minipunto / artista: Gabriel Lara


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      No creo posible que exista una ciudad con la misma velocidad que la nuestra para inventarse arquetipos. Quizás por la fatigosa fugacidad de los días y los convulsos cambios sociales, la ciudad se inunda (apenas a su favor) de figuras que describen mejor que nada su presente. Entre el crecimiento de bares y clubes nocturnos, sobresale uno de estos perfiles de actualidad.

      Aquel nos recibe a la puerta del negocio, en los mejores casos saluda con un “Buenas noches”, o quizás pronuncia el alentador “Bienvenido. Pase, por favor”, en otros: “Sí, dígame”, “Detrás de la línea, vamos, detrás”, “¿Qué quiere usted, tiene reservación?”… Si aún desconocen de quién se trata solo imagínenlo, posee un porte impactante (digamos que 1.90 m de altura, lleva traje negro, su musculatura sobresale a mil metros de distancia, etcétera).    

     Mayormente se sitúa en las esquinas del espacio, o se acerca a su mesa para mandarle a callar, algunas veces le dice que no puede estar parado en ese sitio. No es una encrucijada compleja, es simple, la ciudad está atestada de SECURITYS, o sea; del llamado “hombre de SEGURIDAD”.

     Ojo, no existe ningún negocio privado en el mundo sin las correspondientes medidas de seguridad, casi siempre garantizadas por un grupo de personas con semejantes características físicas, obligados a marcar distancia con el público. Pero lo que distingue a los mecanismos foráneos, es que los securitys dan la impresión de ser invisibles, tanto que al primer alboroto, neutralizan el escándalo con una cierta “elegancia”, evitando contratiempos mayores. En Cuba los negocios garantizan la presencia de un equipo de seguridad para “suerte” del público, pero sobre todo para la subsistencia del lugar.

    Por qué son seres contaminantes para esta ciudad (toda regla tiene su excepción y es horrible generalizar, pero pediría que se me permita por esta vez), y es que en los últimos meses he sufrido incontables molestias en disímiles sitios con los encargados de la seguridad. En algún punto creí que se trataba de mí, sin embargo, con el aumento de los negocios y con la válida responsabilidad de sus dueños por mantenerlos en pie sin grandes problemas, el personal contratado para seguridad es visto por mis amigos y conocidos como una presencia, mayormente molesta.

     Recomendaría una mayor constatación de cuáles son los recursos que tienen los contratados para ejercer la autoridad, por no hablar de los efectos que genera el poder en manos equivocadas. Debieran aclararse los límites del guardia de seguridad ya que aquel no tiene facultades legales para oprimir o maldecir, cuales sean las razones de una discusión con el cliente. En su mayoría no cumplen con los requisitos por falta de una formación profesional (es distinguible cuándo un guardia de seguridad es perspicaz y justo, y cuándo está ejerciendo su poder con arbitrariedad).

    Por otra parte, al público de bares y espacios nocturnos (arquetipo eterno de esta ciudad) le corresponde también colaborar y respetar las leyes de la casa, de no estar de acuerdo con ellas tiene el derecho de no repetir el lugar, sin necesidad de ofender o agredir a cualquiera de los trabajadores. Creo que urge modificar el modo en el que se ha interpretado el papel del guardia de seguridad en la Isla, quizás por una mala representación del “hombre de SEGURIDAD” como alguien que violenta constantemente. Debe revalorizarse su figura en algunos espacios, y repensar cómo convertirle en un arquetipo bienvenido en tiempos de aceleradas transformaciones y no en un S.O.S. que le “abre” las puertas al público.

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