School is coming

Categorías: Crónicas

por: Martica Minipunto / fotos: Aldo Cruces

El inicio del curso escolar es lo más cercano al sentimiento de ansiedad que causa Game of thrones en nuestros corazones: “School is coming”. Aquello que se avecina es complejo, estar “preparados” sobrepasa nuestras nociones de “vida o muerte”, podría tratarse de enfrentarnos a un ejército de cadáveres vivientes, una ruptura del éxtasis vacacional o, felizmente, el principio de nuevos saberes.


La preparación implica que el estudiante y su casa (Stark, Hernández, Lannister, Targaryen, Pérez, Tarly, Valdés, etc.), tomarán medidas con las que asegurarán estar “listos” para el próximo curso. Es decir, “la nueva escuela” va matizada por lo bélico, por la gestión en tiempos de crisis, en tiempos invernales–siendo agosto el mes con mayor sobrecalentamiento atmosférico en nuestro archipiélago.



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Aunque a veces importa si tenemos tres dragones en casa, si somos unos pocos trabajando el hierro crudo, si nos sentimos leones o si apenas contamos con trigo, los ánimos y deberes del curso escolar nos sacudirán por diversas razones.


En principio, porque algunos estándares matizan el porte de los discípulos para el advenimiento de las clases. Se ha dicho que existe una norma del deber sólo en el uniforme, lo demás pertenece al universo de lo variopinto, y justo en lo variopinto inicia la batalla. ¿Cuántas veces no estuvimos aguardando en una fila para comprar los dichosos tenis? ¿La mochila?, ¿Papelería para forrar los materiales de estudio? ¿Lápices, gomas, bolígrafos, etc.? ¿Perretas? ¿Verdadera conformidad por la apretada economía de nuestra casa? ¿Los “mismos” del curso pasado? ¿Zurcir el zíper de la mochila? ¿Las medias? ¿Los forros reciclables? ¡La saya la quiero cortándome la circulación! ¿Podrías cambiarme de escuela por cuarta vez?


En cierta época pasada, en este reino/archipiélago de la siguaraya, las memorias de la tierra sugieren que existía la ilusión de la igualdad. Pero el muro cayó de pronto, el deshielo nos hizo enfrentar el mundo y empezamos a comparar con la punta del pie el zapato del que se nos sentaba al lado.


La escuela, la nueva escuela, deriva también en deformación, metodologías de alcance multitudinario, cultura masiva en el reino, lo que ha dado al traste con nuestra sensibilidad mitológica. Alguna vez el Palacio de pioneros nos recibía, el huerto escolar nos saludaba y la escuela existió para hacernos verdaderos “aprendices”. Nuestra Canción de hielo y fuego: “A la escuela hay que llegar puntual…”. Nuestro acto de iniciación: el matutino escolar. Leer más.

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