Raúl Pérez Ureta; un hombre que narra con luz

Categorías: Invitados / Fotografía

por: Daniel G. Alfonso / fotos: Luis Mario Gell


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     En una película el director de fotografía posee todo el control sensorial del largometraje. Él tiene la responsabilidad de crear la visualización y narar con imágenes lo que el director requiere. En el cine cubano podemos encontrar grandes fotógrafos que, gracias a su magia e imaginación, han logrado trasladar el lenguaje escrito hacia el audiovisual.

     En esta ocasión, VISTAR sostuvo una conversación con Raúl Pérez Ureta, reconocido director de fotografía, ganador del Premio Nacional de Cine en el año 2010 y quien posee en su trayectoria más de treinta películas, entre las que destacan Papeles Secundarios, Madagascar, Alicia en el pueblo de las Maravillas, Suite Habana, entre otras.

     El destacado director Daniel Díaz Torres manifestó en un momento que “Ureta, puede ser considerado un paradigma de constancia en su labor con un sentido de pertenencia enorme, sus proyectos se basan en una evidente autoexigencia que le permite explorar su inagotable imaginación visual”.

      Ilusión y fantasía que inicia cuando era solo un niño que trabajaba para poder tener dinero y así asistir a las funciones cinematografías que daban en su pueblo natal. Este fue el comienzo de su aventura en el universo del cine cubano. Transita por el Departamento de dibujos animados del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y, por golpes de suerte que da el destino, termina laborando como sonidista durante un año junto a Santiago Álvarez en los Noticieros del ICAIC. Con el maestro, también tuvo la oportunidad de cubrir como camarógrafo y fotógrafo varios reportajes que le posibilitaron adiestrarse en el oficio.

      Con el tiempo se percató que como fotógrafo de cine se sentía realizado y que ese era su destino, nos comenta Ureta. Cada película era un reto, el cómo colocar las luces para crear atmósferas diferentes se aprendía en cada producción.

      “A finales de los ochenta, en Papeles Secundarios de Orlando Rojas, busqué referentes en el cine internacional y experimenté mucho, sin embargo, aprendí que el mejor fotógrafo no es el que más luces coloca sino el que sabe poner la luz que le permite narrar la historia”.

     Lo mismo sucedió en Madagascar de Fernando Pérez, un amigo y hermano para él; el trabajo de mesa para la atmósfera visual de este filme requirió varias reuniones con su director hasta que encontraron en las pinturas de René Magritte aspectos medulares para desarrollar la fotografía.

      Entre sus testimonios, resulta interesante su admiración hacia Gordon Willy, director de fotografía de El Padrino, primera saga, el mismo que expresó hace un tiempo que la relación entre un fotógrafo y el director era como la relación del hermano mayor con el menor. Este factor de complicidad es muy importante en la vida diaria y laboral de Raúl Pérez Ureta, pues para él este aspecto es lo que hace posible que un largometraje funcione, comunique, exprese y lleve a los espectadores del séptimo arte una puesta que pase a la historia en la memoria de todos.

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