Primera temporada de la serie web Tiradera

Categorías: Crónicas

por: Martica Minipunto / fotos: Gabo

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En una Asamblea de méritos y deméritos a la usanza, la gente necesita declarar (se). Las leyes, censuras o restricciones toman parte en estas lógicas discusiones colectivas que determinan una (auto) evaluación final. “Que levante la mano el que esté de acuerdo con la evaluación del estudiante.”


Sin embargo, el concepto de asamblea, y no me refiero a la Asamblea Nacional precisamente, en mi experiencia, siempre implica un cierto enfrentamiento, aunque debiera significar consenso, diálogo, comunicación. El enfrentamiento aparece no sólo por el despliegue de críticas constructivas, sino por la aparición inconsciente de la tiradera.


En el éxtasis de la palabra tiradera quisiera detenerme, por la resonancia que deja como gozadera bélica, TI-RA-DE-RA, palabra que empieza con cierta dulzura, casi idílica, y termina con una apertura casi en percusión: RA, rararaRa. Y desde que esa experiencia sensible, me refiero al acto de tiradera, apareció en mi vida, persigo todos los testimonios originales que descubro alrededor de esta práctica revolucionaria (por supuesto que no me he perdido ninguna de las tiraderas sucedidas entre Hillary Clinton y Donald Trump).


Con este estilo de discusión atribuido a los reggaetoneros, pero bien apegada a la tradición del repentismo campesino, quiero revelar algunas contiendas muy sabrosas encontradas en las redes sociales.


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Paladar de excelencia dudosa:


Estoy aquí para servir un gazpacho de pepino gourmet. Estoy aquí para hacerte la guerra a ti. Quien venga a visitar este país, papi, tendrá que comer aquí. Tú cuarto de hora pasó, ahora la novena de carne, la vendo yo. Te pensaste que te duraría, pero ni Trip Advisor te mira, papi, tienes que recoger tu carta menú, tengo la llave del Trópico y traigo tapitas y carne servidas con prú.


Paladar de encumbrado renombre:


A todos los que quisieron derrocarme. A aquellos que prometieron servir algo mejor que mi torreja y mi flan de calabaza, les llegó la hora de frenar en seco. A los que pretendieron llenar la ciudad de flayers con ofertas usando la palabra Tablet, palabra de mal gusto que implica saciar un hambre voraz, les llegó la hora de pagar la cuenta de la electricidad, les llegó la hora del impuesto, les llegó la hora del 10 %, les llegó la hora de las visitas guiadas. Ustedes no me están tirando a mí, yo los estoy hundiendo a ustedes.


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Fulatina de tal:


Menganita, vendedora de ropa de segunda y sobrepeso como eres, te voy a sacudir como si fueras una rama seca. Despeinada y mal vestida como andas, a quién vas a opacar. Si tú eres loca, haz el casting para la mesera Sonia que va a salir en Tras la huella, que te lo voy a quitar con una facilidad.


Menganita de acullá:


Fulanita, aquí todo el mundo sabe por qué no sales de la pantalla… de la pantalla en Cuando una mujer y La dosis exacta. Eres escaladora, tú no suenas por ti misma, tú necesitas tambor. Yo nací para ser Sonia en Tras la huella, tú naciste sin nombre, tú no sabes ni lo que es la biografía ni la psicología del personaje… Si tú eres una actriz televisiva, una actriz dramática aparécete en el casting que vas fregar el suelo del ICRT con tu cabellera sin queratina y terminarás haciendo siempre de esclava despeiná de la Telenovela.


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Organismo estatal:


¡Ladrón! Hace falta que te calles de una vez, cuando ten callen de verdad, vamos a ver a cómo tocamos. A ti te cierran y a mí no…


Organismo privado:


¡Sin higiene! La realidad te supera, coge tu trapito y pásalo en la mesa. Lo que te pasa es que tú me…


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