Plagios en la música: ¿coincidencias, oficio o negocio?

Categorías: Crónicas

por: Oni Acosta Llerena / artista: Gabriel Lara

El plagio, tan antiguo como el planeta mismo, es definido en el Diccionario de la Real Academia Española como “la acción de copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”, lo cual desde el punto de vista legal es una infracción al derecho de autor sobre una obra artística o intelectual de cualquier tipo en que se incurre cuando se presenta esa obra ajena como propia.


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   En la literatura o en las artes plásticas quizá el plagio sea más evidente a la hora de ser detectado, ¿pero en la música cómo funciona? O tal vez debiéramos preguntarnos si es considerado como tal en un universo tan dinámico y voraz como es la industria musical. Pienso que si logramos definir –o no– si existe el plagio en nuestra rama, entonces deberíamos analizar cómo y para qué se hace.

   Como primera tesis, anuncio que soy de los que cree en las coincidencias en el arte, o en lo que muchos en el ámbito vernáculo tildan de cábalas (por ende, todo lo demás es considerado cabalístico). Así como muchos científicos apuestan y arriesgan su tiempo diciendo que no estamos solos en la galaxia, creo que en la música a varias personas puede ocurrírsele una misma, o al menos parecida melodía, aunque debamos tener en cuenta elementos geográficos, culturales, de edades y de preparación técnica. Si creemos que es posible bajo ese escueto filtro, entonces tendríamos un reducido grupo de “coincidentes musicales” que no deberían pasar de una docena. Creo, en teoría, que científicamente es probable. Ahora bien, si objetivamente pudiéramos identificar dos melodías idénticas o parecidas salidas de ese reducido grupo, nadie recurriría a la ciencia  ni a creer que sería quizá posible; casi todos dirían que se trata de un plagio, con lo cual estaríamos siendo implacables pero de cierta manera certeros, porque aunque en teoría es posible, la realidad nos cuenta que es casi inverosímil que un músico en Hong Kong haga una misma canción o una sinfonía idéntica o similar a otro en La Habana, así de simple. Pero entonces, ¿hay maneras de edulcorar el plagio? 

   Diversas agencias de derecho de autor han creado mecanismos legales para detectar plagios, o coincidencias, que van variando por conceptos musicales como la cantidad de compases seguidos que puedan repetirse miméticamente, tanto rítmica como melódicamente. En algunas legislaciones esto quiere decir que si una canción tiene ocho notas seguidas con igual secuencia, o más de cuatro compases con notas y ritmos iguales, entonces es plagio. Pero me ha sucedido que he escuchado canciones con notas y melodías distintas, pero con idéntica base armónica a otras, es decir, que pudiéramos “ponerle encima” otra melodía y funcionaría perfectamente. Y ahí creo que estriba una trampa del plagio, la de correrse por la tangente y acudir a la armonía, al elemento acordal para escabullirse del hurto realizado. En varios estudios sobre el tema hay ejemplos, tanto recientes como pasados. Según un trabajo (y cito, para no cometer yo ningún plagio)de una estudiante española* de la Universidad Francisco de Vitoria en España y publicado en 2013, “hay casos recientes de supuestos plagios como el de Shakira y Wyclef Jean, con la canción ‘Hips don’t lie’, que contiene evidentes extractos de la canción ‘Amores como el nuestro’ del puertorriqueño Jerry Rivera”. También la autora afirma que “Madonna insinuó que Lady Gaga podía haber plagiado su éxito ‘Express Yourself’en ‘Born This Way’. Se dice también que la melodía principal de ‘Boulevard of Broken Dreams’ de Green Day es un plagio de la de ‘Wonderwall’, de los británicos Oasis. Comparten las mismas quintas y ritmo”.


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   En el caso cubano sucedió en años recientes con Descemer Bueno y Enrique Iglesias, quienes fueron demandados por el peruano Pelo D' Ambrosio por la canción “Bailando” y también otra similar, por el mismo tema, fue interpuesta por Cristian Mauricio Escuti y German Schulz. Además, recordamos el reclamo de la canción “Un millón de amigos” por parte del compositor cubano José Valladares, así como la canción “El Ciclón” de Arnaldo Rodríguez (Talismán) se ha visto envuelta en reclamos de autoría. Para todos los casos de plagios, o de coincidencias musicales, es importante el registro de la canción por parte de su autor en instancias de protección al derecho de autor,** o de Publishings o editoras musicales que pueden maniobrar con las mismas, aunque ello está siendo una tendencia 


*Laura Senent. “Ocho notas separan el plagio de la inspiración de la música”, Periódico Mirada 21, Univ. Francisco de Vitoria


**Para saber qué se entiende como derecho de autor, recomiendo este link 

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