Placeres culpables

Categorías: Crónicas

por: Yeneily García

¡Ah, los placeres culpables! Todos, sin excepción, tenemos esa extensa lista de pecados que más o menos confesamos, no nos explicamos, pero que de alguna manera nos satisfacen al punto de obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo.

¿No sabe lo que son? Le explico. Yo tengo una amiga etérea, lánguida, que camina casi como si no pisara el suelo. De vestidos bordados, siempre con un libro de Dulce María Loynaz bajo el brazo, siempre oyendo a Sabina, Serrat o Pedro Guerra. Siempre música que le provoque “pensar más que bailar”, recuerdo que nos decía a las que sin falta marcábamos tarjeta en el club universitario de jueves por la noche.

Pues bien, un día esa misma amiga que nunca en su vida había pisado la pista de baile de una discoteca, pide permiso para salir del aula y yo, que ya no soportaba más la voz de la profe en mi resacosa cabeza, le tomé prestado su mp3 player, único aparato reproductor de música que teníamos en el aula en aquellos años felices –2003 al 2008–, y me dije, qué suerte… a ver si me “ensabino” un poco la tarde.

Dos segundos después, cuando salió un “¡dame más gasolina!” potente de los audífonos, mi cara era todo un poema, igualita a la de mi amiga que llegaba en ese momento horrorizada y a la que no voy a nombrar porque desde ese día prometí que nunca revelaría ese “placer culpable” –como ella tan nerviosamente lo bautizó– a sus amigotes del café literario, bajo pena de contarles a los míos que yo devoraba cuantas Vanidades, Cosmopolitan, Elle, Glamour y Tv y Novelas me caían en la manos.

Realmente ahora no la descubro porque quizá a ella no le guste ver su nombre publicado. Me di cuenta hace rato que probablemente hasta Spielberg vio en su tiempo Esposas Desesperadas(esto es pura especulación, si me lees Steven, desmiénteme si no es verdad).

Todos tenemos nuestro desliz por ahí, por más que los humos que se nos han subido con la edad no nos dejen reconocerlo. Para unos son las series (y no hablamos de Juego de Tronos, sino de Diarios de vampiros y Doña Diabla), para otros las comedias románticas y los chismes de las estrellas (reconozco que me sé al dedillo quién está con quién si de farándula se trata). Puede ser también Rudy La Scala, José José y miles de otros placeres que no sé por qué escondemos, si al final son eso: placeres, y por lo tanto, nos ponen la sonrisa en la cara.

Si algo que hace y que no diría por vergüenza o porque no encaja en su estilo de vida, no se agobie, todos tenemos nuestros secreticos. ¿Le gusta?, ¡Pues le gusta y punto! No se sienta solo si es hombre y le gusta el culebrón colombiano de las 3.00 p.m. y/o la Avenida Brasil, y no solo por ver a Suelen. A mí me gustan los Doramas, ¿quiere más culpa que eso?

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