¿Piensas ya en el amor? Tratado apócrifo sobre el transporte y la nautalatría

Categorías: Crónicas

por: Martica Minipunto / fotos: Gabo

Tengo dos nuevas aficiones: crear profundos conflictos bélicos con los choferes de almendrones y salir a la cacería de tarjetas de recarga nauta. Son deseos banales y poco interesantes, bastante lejanos de lo que yo espero que se comente sobre mí o publique en alguna parte Tengo dos nuevas aficiones: crear profundos conflictos bélicos con los choferes de almendrones y salir a la cacería de tarjetas de recarga nauta, es cierto, casi me es imposible reconocerme ante estos comportamientos procaces.



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Pero lo digo sin rodeos, dos pensamientos-afectos me aceleran: la idea de defender mis derechos humanos con los choferes de los almendrones (no creo que sean culpables de nada, pero arremeto contra ellos con un cinismo y agresividad poco habituales en mí) y la entrada a cada casa privada en la que existe un “minipunto” (palabra y lugar con gran significación para mí), para hacer la permanente pregunta: “¿Tienes tarjeticas de recarga nauta?”.


Para hablar de estas exacerbadas preocupaciones quisiera comentar de dónde surge cada una. La primera tiene que ver con el desprecio y la poca comprensión de los choferes de almendrones. Ellos han decidido convertir las distancias lógicas, digamos de Centro Habana hasta el Vedado, en distancias proverbiales, viajes interprovinciales.


Y aunque no estoy de acuerdo con las acusaciones y los reportajes televisivos, en especial el de aquel Noticiero Nacional de Televisión en el que se decía que los choferes de almendrón eran verdaderos contrarrevolucionarios, aunque me alteran, me estresan y me desordenan sus desafectos, porque poseen poca comprensión de la economía privada y de humanismo.


La culpa la tiene el petróleo, la culpa la tiene el hambre, la culpa la tiene el transporte público o la culpa la tiene el demoníaco chofer – en muchos casos que no es ni dueño del carro-, no lo sé, pero qué puedo hacer para controlar mi estado mental “¿atacamos al hombre que me dice que no? Obviamente sí”. Leer más.

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