Omara Portuondo. Una joven diva de 85 años

Categorías: En portada

por: Yeneily García / fotos: Luis Mario Gell

  

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   El ambiente se relajó enseguida cuando comenzó a hablar. Su presencia casi constante mientras crecíamos, el tono mil veces oído de su voz, y su carisma desde el escenario hizo que la esperáramos nerviosos, como si se tratara de un personaje irreal que de pronto se materializaría ante nuestros ojos.

   Su voz, cantarina y sorprendentemente joven, rompió el hechizo que hacía que la miráramos como quien mira a un ídolo: “¿Ustedes de verdad quieren que yo esté en su portada? ¿A la gente joven le interesará lo que tengo que decir?”, nos preguntó y se arregló coqueta el collar.

 

Cuando regresaba de la escuela, ponía la radio y cantaba “Veinte años”…

 

   Doña Omara Portuondo, La novia del filin, La diva del Buena Vista Social Club, una de las voces más importantes del rico mapa sonoro de Cuba, se nos sentó enfrente, dispuesta a dejarnos curiosear en su larga vida, digna de convertir en una película.

   “Es cierto que oír a María Teresa Vera en la radio me desarrolló el gusto por la música. Cuando regresaba de la escuela interna los viernes por la noche, en lugar de irme a pasear, yo me ponía a escuchar su programa. Fue la naturaleza, sabia como es, la que me dio la habilidad, el oído y la voz., se inclinó y entonó el conocido Qué te importa que te ame

   Su madre, blanca y de familia acomodada, y su padre, negro y jugador de béisbol, eran “pobres pero felices”, y cantaban todo el tiempo en casa. Fueron ellos quienes reconocieron enseguida el talento de la pequeña Omara, que creció asimilando las canciones de grandes como Sindo Garay, Eliseo Grenet y la propia María Teresa, que en su voz adquirieron nuevos tintes, nueva vida.

   “A ver Omarita, canta, me decía mi mamá. Tú vas a ser una gran cantante, me decía, y hasta hoy estoy tratando de hacerle honor a lo que me dijo”, recordó.

   La broma de que la niña sería monja se extendió por la familia mientras Omara, ajena a paseos o amores adolescentes, entonaba Veinte Años como si la hubiera aprendido desde la cuna. Luego sería esa su carta de presentación en el Buena Vista Social Club, y la primera le vino a la mente cuando le pidieron que escogiera un tema para cantar en el todos estrellas que se formaba con leyendas de la música tradicional.

   “La sé desde niña. Cuando me invitaron a cantar con el Buena Vista me preguntan, ¿qué vas a cantar?, yo digo Veinte años y el Señor Compay Segundo me dijo con esa voz que tenía toda ronca: yo te voy a hacer la segunda, y yo: perfecto. La sigo haciendo porque me encanta esa canción, y estará en mi repertorio siempre”.



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Corríamos al público para oír a Nat King Cole…

 

   La confianza de sus padres, indispensable en la década de 1940 y 1950, años en los que la joven Omara se inició en el arte ya como profesional, permitió que siguiera los pasos de su hermana Haydée en el famoso Tropicana, donde hacía historia Rodney con sus espectáculos repletos de mulatas, música y luces.

   “Mi mamá fue quien me convenció. A mí me daba pena enseñar las piernas. Era un cabaret muy chic y yo era muy tímida. Ella me dijo que no podía dejarlos así porque yo entraba a sustituir a una de las bailarinas que se retiró antes de un estreno. Así fue como entré a Tropicana, al que después regresé con Elena Burke, Moraima Secada y mi hermana Haydée, esta vez para cantar”.

   Nat King Cole es uno de los artistas que Omara recuerda más vívidamente. Escucharlo cada noche era para el cuarteto de Aida Diestro como asistir a una clase. Apenas acababa su versión de Blue Gardenia, las cuatro muchachas corrían al público para escucharlo mejor.

   “Era un hombre prodigioso. Salía muy tranquilamente a cantar a capella. Iba caminando hasta su piano y cuando comenzaba a tocar estaba en el tono que tenía que estar, y después entraba la orquesta. Era maravilloso y uno de los momentos que más recuerdo, porque además era un hombre sencillo, muy agradable, siempre saludaba a todos cuando acababa el show. Grabó y ayudó a popularizar el Quizás, quizás, quizás, de Osvaldo Farrés, que cantamos ahora con el Buena Vista”.

 

Con ustedes Omara Brown, la novia del filin…

 

   Ser contemporánea y amiga de César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y el pianista Frank Emilio Flynn tenía sus ventajas para la joven cantante. Loquibambla Swing era el nombre de aquel conjunto y el estilo, una versión cubanizada del bossa nova, con influencias del jazz, conocido criollamente como “filin”.

   “Lo de Novia del filin viene de la primera vez que fuimos a la radio. Manolo Ortega me dice que mi apellido era muy largo: Omara Portuondo no va a funcionar, mejor vamos a decir que te llamas Brown, y como estás haciendo cosas del filin, te voy a poner La novia del filin, porque eres muy jovencita. Yo tenía catorce años. ¿Te molesta? Me preguntó. Yo dije: no, está muy bien. Me gustó, aunque no era novia de ninguno de ellos”, guiña un ojo y se echa a reír. La risa nos suena a una de sus canciones.

   El nombre artístico de Brown nunca pegó, sin embargo, el calificativo sobrevivió a Ortega y define todavía a Omara setenta años después.

 


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Después de Aida, venía Elena…

 

   Fuera de Anacaona, Haydée y Omara piensan en unirse y hacer un dúo. Un encuentro fortuito con Elena Burke –uno de esos momentos en los que nos da por creer en el destino– convierte el proyecto en un trío, aumentado con Moraima Secada luego de que Aida Diestro acepta ser quien monte las voces y los temas. 

   Las de Aida hicieron historia por quince años, en los que compartieron escenario con Edith Piaff, Pedro Vargas, Rita Montaner, Bola de Nieve y Benny Moré, convirtiéndose ellas mismas en leyendas en el proceso.

   “De Aida Diestro casi no se habla. Fue una extraordinaria pianista y una mejor persona. Nosotras la respetábamos muchísimo, a ella y a Elena. Era Aida, y luego estaba Elena. Con pocas personas tuve yo tanta química como con Aida, Elena, Haydée y Moraima. Este año no estuve físicamente en el homenaje a Elena Burke, el 28 de febrero, su cumpleaños. Dejé un video, canté Amigas y hablé de nuestra complicidad, todo para participar aunque no esté en Cuba. Yo aspiro a que se haga tradición celebrar el aniversario de Elena Burke, a que se mantenga toda la vida. Ella se lo merece”.

 

Con el Buena Vista dejé mi carrera en solitario por algo más grande…

 

   El capítulo del Buena Vista Social Club, a inicios de los 2000, fue definitorio, un viraje en la vida personal y profesional de muchos “monstruos” de la música tradicional cubana que estuvieron a punto de pasar al olvido.

   “Yo no estaba desde el principio. Estaba grabando un disco y nos dicen que el espacio en el que estábamos iba a ser usado por otros músicos, que no eran más que Eliades Ochoa, Compay Segundo e Ibrahim Ferrer, que dijo que no iba a intentar cantar más y se puso a limpiar zapatos.”

   “Cuando me ven a mí allí me dicen: Omara nos hace falta que subas al estudio porque hemos probado y no encontramos una voz de mujer que nos acomode. Cuando íbamos subiendo me preguntan, ¿Qué vas a cantar? Veinte años respondí rápido.”

   “Éramos muy amigos Ibrahim y yo. Nada de amoríos, aclaro. Por eso cuando me dice: Omara, tú has grabado con todo el mundo pero no conmigo. Ahí es cuando hacemos aquello de… “Silencio, que están durmiendo los nardos y las azucenas”. Yo empecé a llorar porque su voz era una delicia.”

   Aclamada en todos los escenarios que pisa, y capaz de llenar los auditorios más grandes del mundo. Ahora con el Adiós Tour, Omara se despide de las giras con este team ganador de Grammys y responsable de llevar la música cubana hasta lugares donde no había llegado aún. Sin embargo, es una partida no muy a gusto.

   “Yo ya estaba trabajando sola, con mi hijo Ariel, lo cancelamos todo, y nos incorporamos al Buena Vista. Esa es la historia. Anhelo, de verdad deseo que no se acabe, aunque no cante yo. Esto tan maravilloso no puede terminarse, la gente disfruta la música cubana, tiene un arraigo muy grande en el público. Y es que la música sirve para que la gente sea un poco más feliz. Dejé mi carrera en solitario por entrar en algo más importante que yo: la cultura de mi país”.


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Quién dijo que yo cumplo 85 años?

 

   Si se unen los kilómetros recorridos durante su carrera, es muy probable que Omara haya dado literalmente la vuelta al mundo, en más de una ocasión. ¿El secreto? Su energía. La Diva del Buena Vista se siente joven a pesar de estar más cercana de los noventa que de los cincuenta. Aunque insiste: “Me siento de treinta y dos, pueden no creerlo, pero es así. He cantado y he hecho lo que he querido durante toda mi vida”, insistió muy seria, sin mostrar ni un signo de cansancio a pesar de que hace una hora estamos conversando y el vaso de agua a su lado está intacto.

   Versátil, Omara es una mujer que ha hecho dentro del arte lo que su talento, como asegura ella misma, le ha permitido.

   La Mama Odie de Tiana y el Sapo, la primera película de Disney con una princesa negra; el papel de Mercedes Ayala en Cecilia Valdés, “que Solás me dio después de hacer casting”; y la Mariana Grajales en Baraguá, de José Massip fueron  pininos en el cine, al que después llegó en primera persona a través del lente, primero de Fernando Pérez y ahora de Lester Hamlet.

   “Tengo mucha energía, sigo luchando, es que lo necesito, es parte de mí misma, no puedo dejar de cantar. Cuando deje de cantar sí voy a morir enseguida”.

 

Cuestionario VISTAR

 

¿Qué no haría nunca? 

Odiar

 

¿Qué es lo que más le gusta de una persona?

La sinceridad

 

¿Qué no perdona?

La mentira

 

¿Qué no se puede callar?

Todo

 

¿Qué es lo más atrevido que ha hecho?

Esquiar sin saber

 

¿Qué le han dejado los amores?

Me han dejado a mis hijos

 

¿Ritual antes de salir al escenario?

No tengo, lo que me sobra son nervios

 

¿Si no hubiera sido cantante?

No hubiera nacido

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