Los laberintos musicales de Carlos Varela

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por: Lorena Sánchez / fotos: Olivia Prendes D´Espaux

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      Cuentan que Joaquín Sabina, en el lejano 1995, para concluir ese éxito mundial que constituyó “Tan joven y tan viejo”, el último tema de su álbum Yo, Mi, Me, Contigo, recurrió al talento escritural de un músico cubano.

       Que ese músico cubano -el mismo que había girado por España promocionando sus canciones y grabando un fonograma emblemático titulado Como los peces, que lo haría acreedor del premio ONDAS, otorgado en el país ibérico al Artista Revelación- le recomendó cerrar aquella canción con un verso que más tarde se convertiría en himno; mientras el cantautor español, gran conocedor de la música hispanoamericana, le permitía, guitarra en mano, armonizar melódicamente el tema.

     Así, Carlos Varela, con su “tan joven y tan viejo/ like a Rolling Stone”, entraba a formar parte también de la discografía de Sabina, en tiempos en que la amistad entre ambos se acrecentaba. Pero sin dudas, Varela ya era Varela, mucho antes de este episodio.


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       El trovador -que nació en una Habana donde las fiestas se hacían a ritmo de covers en inglés; quien aprendió los primeros acordes en una vieja guitarra rusa y luego de un tiempo, quizás inconscientemente, comenzó a tocar temas de Silvio Rodríguez, de Peter Frampton, o The Beatles- integraba desde 1980 el Movimiento de la Nueva Trova en la Isla.

      Incursionaba además en diversos escenarios, en su mayoría de carácter underground, junto a otros músicos como Santiago Feliú, Gerardo Alfonso y Frank Delgado, a quienes -por su condición de alternativos y la escasa promoción de sus presentaciones en los medios- la prensa de la época catalogara como la generación de los topos. Realizaba giras dentro y fuera de Cuba junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, o grababa discos como Jalisco Park y Monedas al aire.

      Mucho conocen los melómanos cubanos sobre Carlos Varela: que en 1998 el videoclip de su canción “Robinson” debutó en los MTV Latinos, en Estados Unidos; que en 2004 el legendario músico norteamericano Jackson Browne lo invitó a participar en una gira por varios países de Europa; que “Una palabra” fue seleccionada por el cineasta estadounidense Tony Scott para la escena final del filme Man on Fire, protagonizado por Denzel Washington; y que esta inserción en Hollywood le valió la traducción del tema a una decena de idiomas.


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     Sin embargo, quizás estos mismos melómanos desconozcan que el cantautor estudió teatro en el otrora Instituto Superior de Arte, que esta formación le enseñó “las herramientas y reglas básicas del escenario. La importancia de la luz, el tempo, la escenografía. A armar la dramaturgia de un show, un disco, e incluso, la dramaturgia interna de cada canción y cómo tejer sus historias”.

    Quizás desconozcan que el trovador guarda celosamente una colección de guitarras, algunas acústicas, otras eléctricas. “Soy un fanático de las guitarras desde hace muchos años”, comenta Carlos Varela, “con ellas suele suceder lo mismo que con los libros. Cada guitarra es un mundo y un sonido diferente. He tenido la suerte de que grandes músicos me hayan regalado algunas violas que son como talismanes para mí, entre ellos Santiago Feliú, Jackson Browne, Bonnie Rait y Joaquín Sabina. El resto me las he ido comprando poco a poco, pero cada una tiene un valor, incluso las más viejitas”.

     “Todas refieren algún momento especial en mi vida, ya sea un disco, una banda, un concierto, una gira, o tan solo una canción. Hay quien prefiere comprar cuadros, yo prefiero las guitarras. De cualquier manera, lo que verdaderamente importa no es cuántas tengas, sino lo que haces con ellas”.


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      Pero, a pesar de ser un amante de la guitarra y de la intimidad que esta provoca, en toda su discografía Varela solo reúne un álbum acústico: Nubes, el cual apareció a mediados del 2000 e incluye temas antológicos como “Muros y Puertas”. “Este es un fonograma que quiero mucho. Fue una idea de Silvio. Y, contrariamente, una placa solo a guitarras suele ser, a veces, mucho más trabajosa que con una banda”.

     “Todos los discos tienen su aire, su color y su personalidad. Reflejan la época en los que fueron grabados. Aunque Como los peces fue el más afortunado y conocido. Ciertamente me gustaría volver a grabarlos todos de una manera diferente, ahora, con la visión de estos años, pero elijo dedicarle tiempo a los nuevos temas que estoy componiendo”.

      Porque para este músico -al que la crítica ha definido como un cronista, en el sentido urbano, con una sonoridad rockanrolera y a quien los años le han traído cierta madurez- la composición “es un viaje que parte de un diálogo con mi voz interior y luego me dejo llevar, me pierdo en otros laberintos musicales o poéticos. Para componer necesito estar solo y he aprendido a estarlo, incluso en medio de una multitud”.

     “La música y las canciones han sido siempre mi religión y mi terapia, me han salvado de no volverme loco”.


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      Al Bob Dylan cubano -como lo ha etiquetado la prensa, a pesar de que Varela insiste en no apostar por estos rótulos, pues “si escuchan detenidamente a Dylan se percatarán de que, si bien tenemos puntos en común, sobre todo en lo poético, en esencia somos muy diferentes” -el desarraigo de su generación lo marcó indudablemente. Una generación que, por los tantos años de convivencia, le ayudó a madurar como artista y a encontrarse como persona.

     “Santiago, Gerardo, Frank y yo componíamos, discutíamos y cantábamos todos los días. Así nos influenciábamos los unos a los otros; lo cual, a la vez, nos hizo coherentes, pero también diversos. Santi era muy innovador en las melodías y tenía una manera muy particular de tocar la guitarra. Gerardo siempre inventaba ritmos que no se le ocurrían a nadie. Frank, con su sentido del humor fino y crítico, se convirtió en el mejor sonero de esta promoción; mientras yo recorrí otros senderos como el de la poesía urbana, contando algunas historias cotidianas, a veces en baladas, otras más cercanas al rock.

      “En tiempos donde había que arriesgarse para buscarse la vida con la música, estuvimos cada uno girando por diferentes países, lo cual hizo cada vez más difícil el reencuentro y aprendimos a convivir cada uno sin el otro. Pero cuando nos vemos, saltan de nuevo los viejos y buenos recuerdos de tantos años compartidos.

      “El último reencuentro con Gerardo y Frank fue para hacerle un homenaje a Santi, donde interpretamos sus canciones y las nuestras. Eso fue triste. A Santi y a Juan Formell hay que cantarle todos los días”.


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       En ese constante ir y venir, de reencuentros y despedidas, Varela ha incursionado en varios escenarios del mundo -Canadá, Costa Rica, Guatemala, México, Panamá, Estados Unidos-, regresando siempre a La Habana, una ciudad donde están todos los suyos, “los vivos y los muertos, una ciudad que necesito para sentirme vivo”. Alrededor de 30 años ceñidos por la música, donde si bien se transforma la manera de pensar, los modos de mirar su propio entorno, en esencia el artista sigue siendo el mismo. Así, La Habana y estas tres décadas se convierten, quizás, en los protagonistas de su último gran éxito: el documental The Poet of Havana, del director canadiense Ron Chapman.

      Un audiovisual de una hora y 30 minutos, narrado por Benicio del Toro y donde aparecen entrevistas a Jackson Browne, Ivan Lins, Luis Enrique, Eduardo Cabra, Juan Formell, Jorge Perugorría, José Luis Cortés, Alexander Abreu, Wendy Guerra, Juanito Camacho, entre otros.

     “La idea original surgió entre Chapman y mi productor y manager Carlos Iglesias” –subraya el trovador-. “Ellos me propusieron filmar y grabar los dos conciertos que hice en enero de 2013 junto con mi banda, la Orquesta de Cámara de La Habana y varios invitados nacionales y foráneos. Desde ese entonces entrevistamos personas del universo de la música, el cine, la radio, la literatura que, a su manera y desde una visión muy particular, cuentan lo que nos tocó vivir. Las voces de estos colegas y las canciones cuentan buena parte de la historia de nuestro país”.

      Si bien The Poet of Havana ha recorrido diversos festivales en Miami, Chicago, Tampa y otras ciudades de Estados Unidos, Europa y América Latina, su transmisión el pasado 23 de octubre de 2015 por el canal HBO Latino constituyó todo un hito. Sobre ello, el cantautor señala: “Cuando llegamos a la sede de HBO en Nueva York y descubrimos el valor que ellos le ofrecen a este material, comprendimos que el esfuerzo tuvo mucho sentido. Ahora lo pueden disfrutar millones de personas, entre ellos, los cubanos que andan por el mundo. Este documental es un homenaje a toda mi generación”.


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      Pero Carlos Varela no se detiene. A pesar del éxito, el músico cubano se traza día a día nuevos proyectos. “Me gustan mucho mis composiciones más recientes, las cuales integran un disco que está relacionado con la Cuba de hoy y que, musicalmente, tiene más de rock y menos de roll”.

     “Además pretendo grabar otro álbum de canciones instrumentales, es decir, Sin Palabras, que podría ser un buen título, por cierto. Concluir otro documental sobre los 20 años de Como los peces, trabajar otros temas sinfónicos con arreglos de Aldo López Gavilán y dirigidos por la maestra Daiana García, junto a la Orquesta de Cámara de La Habana”.

    “Me interesa hacer una gira nacional, cantar fuera de La Habana y conocer parte de mi país que aún desconozco. Unirme a Pablo Milanés y, guitarra en mano, grabar juntos un nuevo fonograma. En fin, ideas hay muchas, solo necesito encontrar el tiempo para llevarlas a la cocina y hacerlas realidad”.


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Cuestionario Vistar:

 

¿La frase que más odias?

Actos de repudio, lo mismo aquí que allá.

 

¿Tres cosas que no pueden faltarte?

La Habana, mis gatos y mi guitarra.

 

¿Qué significa la palabra música?

La música es Dios.

 

¿Cuba?

Mi alma.

 

¿Qué profesión hubieses escogido de no ser músico?

Actor.

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