Karla Suárez. Un software de la literatura cubana

Categorías: Literatura

por: Ana L. Olivera / fotos: Alejandro Peña


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   Esta mujer vive con una maldición en su tierra natal: deben pasar diez años para que sus libros vean la luz en Cuba por sus editoriales; pero fuera de esta “tradición” el mundo de la literatura se rindió a sus pies desde la década de los noventa.

   Su alumbramiento al universo de las letras llegó con títulos como Silencios y el libro de cuentos Espuma, después de cientos de páginas, clases de guitarra en la escuela de música Alejandro García Caturla y un título en ingeniería en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría.

   Ciencias, literatura, música, Cuba, París, Roma, Lisboa, ficción vienen a la mente tras una conversación seria y, para nada reposada, con Karla Suàrez: una mujer que huele a libros nuevos.


   ¿Cómo podría explicar la dualidad entre escritora e ingeniera en electrónica?

   Cuando era chiquita siempre tuve mucha imaginación, inventaba historias y las escribía. Mi sueño cuando niña era ser científica, estudiar ciencias, eso yo lo tenía clarísimo. Las dos cosas las hice siempre.

   En la entonces CUJAE empecé con la física, los circuitos electrónicos y la química. A la par asistía a un taller literario en la universidad con Virgen Gutiérrez; sobrellevaba la ingeniería, cantando por ahí y escribiendo. Una vez que me gradué me fui a trabajar como ingeniero, nunca lo he dejado: el proceso mental de hacer un software es más o menos como escribir una novela.

 

   No es solamente ingeniería, escritura, sino también tus obras llevadas al teatro, ¿demasiado arte condensado en una sola persona?

   Hay textos míos muy teatrales aunque yo no los conciba así porque “pienso en narrativa”. Aquí y en Francia hicieron la novela Silencios. Fue emocionante, además un coro de Montpellier montó una comedia musical porque tenían un repertorio cubano con esa misma obra.

 


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   ¿Eres una ciudadana del mundo como tus personajes?

   No sé quién imita a quién. Viví en La Habana, después cinco años en Roma, seis en París y ya llevo seis en Lisboa. Cuando te vas por primera vez, y es lo que me pasó, es el momento más difícil porque estas rompiendo una barrera muy fuerte. Cada vez era volver a empezar. Si vives en una sola realidad, solo eso es lo que existe. A mí me interesan en los personajes el ser humano y los conflictos básicos; que la historia local se pueda convertir en un asunto universal.

 

   Háblame de tus libros...

   Son como los niños. El que más me gusta es el recién terminado, porque los otros me parece que están como en la secundaria, el preuniversitario. Incluso los publicados no me gusta leérmelos. Pero sé que terminé cuando vienen la tristeza y el vacío que te dejan los personajes con los que has vivido tanto tiempo; además otro síntoma es que me nació un nuevo personaje, ya estoy en el próximo, tengo las antenas levantadas para ver qué historia es la que me van a contar.

 

   ¿Cómo es tu proceso creativo, porque querías ser científica e investigar, pero debes hacerlo también ahora en las ciencias sociales?

   En la próxima novela que se publicará aquí en Cuba que se llama Habana año cero, hay un diálogo entre la protagonista, una matemática, y otro personaje escritor donde hablan del proceso creativo de una novela y ella le dice que no sabía que era como una investigación científica porque tienes que recopilar información, seleccionar, discernir, escribir, corregir: al final se llegan a resultados distintos.


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   Para la escritura no puedo evitar mi formación científica. En esta última novela me dije "voy a  quitarme esto a la fuerza" porque cuando escribo en manuscrito casi todos los capítulos tienen la misma cantidad de páginas, pero es como si fueran los compases con la misma cantidad de notas; es muy raro que yo tenga un capítulo de cinco páginas y otro de quince, eso me pondría muy nerviosa, para mí es como si hubiera una corchea suelta en medio de la nada. Eso es formación y la música también es matemática, pero es para estructura interna, aunque muchas veces no sé si es de las novelas o mía.

   Esta escritora reconocida dentro de los autores más representativos de América Latina en las últimas décadas cuenta con premios como el Lengua de Trapo (España, 1999), por Silencios; el Carbet del Caribe y de Tout-monde y el Gran Premio del Libro Insular, ambos en Francia en el 2012 por la novela Habana, año cero.

   Su versatilidad resurge en cada página en blanco por las influencias en su formación, pero ella se reinventa en cada historia sobre Cuba, la última de ellas sobre la participación cubana en la guerra de Angola con la que termina un ciclo. Reconstruyendo para el mundo el país que dejó y al que siempre vuelve.


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