Issac Delgado: Siento como si nunca me hubiera ido de Cuba

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por: Yeneily García / fotos: Luis Mario Gell

  

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   La primera vez que escuché a Issac Delgado en vivo sentí dos cosas, tres, si se cuentan las enormes ganas de mover los pies. La primera fue nostalgia por los 90, años duros pero llenos de recuerdos de una niñez feliz y de programas de televisión en los que sonaba aquello de “Necesito una amiga…y la segunda, sorpresa, al notar que el sonido salía tan limpio, como si en lugar de al aire libre, estuviéramos en un estudio.

   Para confirmar que esa elegancia rítmica no era cosa de una sola vez, lo volví a ver meses después, en el Almendares, haciendo bailar a jovencitos nacidos después de que Dando la hora, su primer disco, saliera al mercado en 1991 y ganara un Premio Egrem un año después.

   “Siempre he sido muy cuidadoso con los arreglos musicales. Antes me era más difícil, pero ahora sé lo que quiero: que la orquesta suene limpio, con un sonido refinado, y lo consigo en gran parte gracias a los arreglos. Respeto mucho las líneas melódicas, las letras de las canciones”, me develó el misterio él mismo, cuando desembarcamos en su apartamento habanero una tarde de sábado.

   Músico porque según él “la música lo atrapó”. Issac es, desde los años 80, parte de un grupo de exponentes del género popular bailable que han perdurado en el favor de la crítica y el público, aunque hayan pasado largas temporadas, como es el caso del Chévere de la Salsa, ausente durante unos ochos años de los escenarios de la Isla.

  Con referentes tan variados como Benny Moré, Nat King Cole, Héctor Lavoe, Van Van, Irakere, “la universidad de los músicos cubanos”, y Cheo Feliciano, “para quien tuve la suerte de ser casi como un hijo”; Issac demostró ser una de las voces más interesantes de la llamada salsa cubana y cuando a mediados de los 2000 desapareció de la escena isleña, dejó un vacío que no sabíamos que estaba hasta que lo volvió a llenar, hace poco más de un año, cuando se subió de nuevo a las tarimas habaneras, buscando conquistar una nueva audiencia, ya más acostumbrada al reggaetón que a la timba.

 

¿La verdad? He sido un suertudo

Una pintura de la bandera de tres franjas y una estrella solitaria, dominando toda una pared, es lo primero que se ve en cuanto se entra a su casa. Eso de que Cuba está tan metida dentro de su música y su manera de ser, no solo es pose. A Issac se le nota el apego a las raíces.

“Lo del arte me viene por la familia. Yo estuve dos años dando clases de Educación Física en una escuela primaria, la verdad es que dudé que esto fuera para mí, primero por el sacrificio y segundo porque el entorno de un artista es diferente. En aquel entonces pensaba que quería tener una vida más normal”, ríe mientras asegura que todavía oye mucha música, pero el folclor sigue siendo su principal fuente de inspiración.

En casa, de escuchar al Benny, Vicentico Valdés, y Nat King Cole, pasó a oír salsa de Puerto Rico: la Fania AllStar, Cheo Feliciano, Oscar de León, y luego la música cubana de los 70.

“Me volví un salsómano. ¿La verdad? He sido un suertudo. Pronto empecé a trabajar con la orquesta de Pacho Alonso, y tuve la suerte de ver al propio Pacho trabajar. Hice muchas presentaciones en cabarets, el Copa Room, Tropicana, pude ver a lo mejor de la época”.

Entre estribillo y estribillo salía casi natural el “pero qué chévere”, desde la época en que grababa temas con su gran amigo, Dagoberto González, violinista en aquel entonces del grupo de Santiago Feliú. Eso fue lo que definió su otro nombre: El Chévere de la Salsa.

“Cuando hice el disco El Chévere de la Salsa y el Caballero del Son, a propuesta de Adalberto (Álvarez), se empezó a tomar más en serio. Entonces todos se ponían apodos, y a mí no me molesta, yo quisiera ser una persona chévere, que al final es una palabra muy caribeña, criolla, se puede usar en cualquier parte y la gente la entiende”.

 

Lejos, pero cerca

A mediados de los 2000, Issac cambió de escena. Para él fue un paso que tuvo sentido en ese momento. “La gente me dejó de ver y por supuesto, la curiosidad es natural”, sonríe mientras se recuesta en la silla. Detrás reposa una estrella de mar enmarcada. Da la impresión de que alguien quiso atrapar en un cuadro el recuerdo de una tarde en la playa.

“Siento como si nunca me hubiera ido de Cuba, aunque haya estado lejos. Lejos, pero cerca. Soy un artista, y tuve la necesidad de experimentar, de abrir el diapasón para trabajar, eso fue lo que hice durante casi ocho años: aprender muchísimo. Además de recoger cosas buenas, tuve la oportunidad de darle más valor a lo que había hecho anteriormente en Cuba. Gracias a eso pude ser reconocido en otros contextos”.

Ocioso de seguro no estuvo. Los créditos compartidos con grandes nombres del panorama de la música latina a nivel internacional, atestiguan lo duro que trabajó Issac por ganar su espacio.

Discos con productores como Eugenio George, “el llamado zar de la música latina”, y José Lugo; duetos con Gilberto Santarosa, Carlos Extremera, Victor Manuelle, y la India, “gente con la que tuve filin”. Si esto no es un record, es un buen average para este fanático del fútbol, que alguna vez contempló el deporte, y no el arte, como futuro.

“Grabé un disco memorable para mí, una selección de las canciones que hizo Nat King Cole en español, producido por Fernando Trueba y Nat Chediak. Ellos dos me propusieron primero hacer un disco con Bebo Valdés, que no pudo materializarse, y surgió este que se llama L-O-V-E, donde pude grabar la música que oía desde chiquito, en el que tuvimos de invitado a Freddy Cole, el hermano menor de Nat”.

“Yo digo que para hacer goles tienes que estar cerca de la portería, y para mí esto fue un gol memorable. Igual lo fue trabajar con Sony Classical, la disquera de artistas como YoYo Ma. Fueron años de ganar en experiencia, sigo siendo un suertudo, pero tengo que agradecerle mucho a la comunidad latina que me apoyó”.


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Este año y medio ha servido para oxigenarme

Ya de regreso, el panorama ─él lo sabía─ no es el mismo que dejó hace casi una década. En Cuba lo esperaba un público que reconquistar y otro que ganar. La idea de caminar las calles y escuchar el habla cotidiana es algo invaluable para el que hace música con el oído puesto en la tierra que ama.

“En este último año y medio he estado enfrascado en proyectos aquí en Cuba y estoy muy contento, sobre todo con la retroalimentación. Ha servido para oxigenarme, llenarme de cosas que había perdido en este tiempo, porque cuando no tienes el roce, el día a día de caminar en la calle, y oír como habla tu gente, hay cosas que vas perdiendo. No he grabado nada nuevo, bueno sí, con mis amigos, con Descemer Bueno, con la Orquesta Juvenil de Venezuela; pero ahora me doy cuenta de que ya me hace falta pararme ante un micrófono a grabar mi música. Me faltaba el ambiente de aquí, las vivencias. Llegó la hora”.

El dilema está ahora en el compromiso con la audiencia fiel, que continúa pidiendo los temas de siempre, a la que se unen ─contra todos los pronósticos─ las nuevas generaciones, que crecieron escuchando temas que sus padres, tíos y abuelos bailaban y se han convertido en la banda sonora de sus infancias. 

La solución: un DVD que contenga los grandes éxitos y algunas piezas nuevas. Ya Isaac tiene a especialistas de la EGREM trabajando en este material, muy a tono con los festejos por el cuarto de siglo.

“Ha sido muy emocionante para mí, porque nunca pensé que esta iba a ser la respuesta. Ha sido maravilloso, el calor con que me han recibido. Con la ayuda de mi equipo hemos trabajado en lugares comunes de los jóvenes. He estado alternando eso con compromisos internacionales, y mi trabajo como director musical del espectáculo Salsa, Mambo y Cha cha cha, proyecto de música cubana, pensado como un producto competitivo en el mercado internacional”.

 

Sigo apostando por lo hecho en Cuba

En solo unos pocos años la música urbana ha ocupado un importante lugar en los bailadores jóvenes. Issac no desespera, sabe que todavía hay esperanza.

“Cuando escuchaba a los mayores, estos decían que los jóvenes siempre regresan a las raíces, y me doy cuenta de que partir de una edad, ya los muchachos comienzan a bailar con los Van Van, con la Charanga Habanera, con Adalberto, con la gente que se ha mantenido. Necesitamos una renovación tímbrica, utilizar las influencias de la música urbana de hoy, tenemos que vivir paralelo a las cosas nuevas que salen, y si tanta gente baila con un ritmo, o con un concepto, tienes que asimilar lo mejor de eso y llevarlo a la música, fusionarlo sin perder la raíz, el folclor. Yo sigo apostando por lo hecho en Cuba. Otros lo hacen, ¿por qué nosotros no?

 


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 Cuestionario VISTAR

 

Nombre completo: Issac Felipe Delgado Ramírez

 

Apodo:  El Chévere de la Salsa

 

En la vida hay cosas que no tienen remedio pero… Se resuelven

 

Mi hobby… El fútbol

 

Si no hubiera sido músico hubiera sido… Zinedine Zidane

 

Aprecio mucho cuando alguien es… Honesto

 

No puedo aguantar… Escuchar un tambor, los pies se me van solos

 

 Si tuviera que definir la música con una palabra sería… Vida

 

Antes de subir al escenario… Pido bendiciones

 

No puedo vivir sin… Mi familia

 

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