Harry Potter...¿reiventar la magia?

Categorías: Teatro

por: Eberto García Abreu / fotos: Ana León

¿Se acabó la magia o hay que inventársela cada día para seguir luchando, viviendo o creyendo en algo? Tal vez sea esta una de las tantas preguntas que resulten más frecuentes tras los últimos aplausos de despedida de Harry Potter: se acabó la magia, espectáculo merecedor del Premio Villanueva de la Crítica Teatral 2016, que el director Carlos Díaz tiene en temporada en el capitalino teatro Trianón.


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La sede de Teatro El Público abre sus puertas a un grupo de jóvenes artistas recién egresados de la academia, para quienes la vida cotidiana se convierte en el primer motivo para apelar a la magia más urgente como alternativa para seguir adelante. Solo con esa carga es posible emprender los nuevos caminos que se les presentan al terminar sus años de estudio.


Harry Potter y sus colegas de acertijos se convierten en jóvenes cubanos de estos tiempos complicados que vivimos. La mítica academia de los libros y las películas se transfigura en cualquiera de nuestras escuelas, más allá de las circunstancias o las condiciones que ellas tengan para descubrir, sin trucos ni ambigüedades, los nuevos conocimientos que han de servir para vivir y crear.


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Así se crea, mediante un diálogo fluido, rico, contrastante y contagioso, el cauce para un entendimiento lúcido entre los espectadores y los personajes que atraviesan el relato de este Harry Potter cubano, auténtico y vital, como cualquiera de nuestras más urgentes demandas de conocimiento y placer.


A través de la ironía, la parodia, el chiste, la broma tosca y agresiva, la rivalidad y la impudicia, estos jóvenes aspirantes de magos e inventores de trucos, exponen la complejidad de numerosas problemáticas que afectan a la sociedad cubana desde hace años.


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Pero lo hacen sin rodeos y desde la esencialidad de sus vivencias. Por eso sus imágenes nos llegan al alma y promueven las conciencias menos duras y esquemáticas. Así ellos se aferran a su isla; a esta que les ha tocado en suerte vivir y transitar de oriente a occidente y de norte a sur.


Sus travesías revelan con crudeza que se acabó una magia. Aquella que repite fórmulas y preceptos. Aquella que ordena y disimula. Aquella que limpia de polvo y paja nuestros problemas y sufrimientos.


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La riqueza de las actuaciones, entre las que destaca la de César Domínguez por sus excelencias interpretativas en varios roles;  junto a la poética dramatúrgica de Agnieska Hernández y la cuidadosa creación escénica de Carlos Díaz, permiten que con Harry Potter: se acabó la magia, el teatro una vez más revele, interrogue y afirme el sentido de nuestras vidas en el presente de esta isla hermosa, amarga y única que llevamos dentro. Esta isla que cada uno se inventa como puede; con magia o sin ella.

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