Hacer del piano una forma de vida

Categorías: Invitados / Música / Conciertos

por: Lilien García / fotos: Luis Mario Gell

Leonardo Gell y Sofía Zumbado se unieron el domingo 9 de febrero de 2014 en el Palacio de los matrimonios de Prado. Pero el pianista cubano y la transgresora saxofonista costarricense no celebraban su boda. Vinieron hasta La Habana para interpretar el concierto “Estrenos Latinoamericanos”. Justo después de su ejecución, Leonardo Gell reveló a VISTAR unos cuantos secretos.


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Él sabe muy bien cómo seducir al piano. Eso nos queda claro desde que posa sus manos sobre las blanquinegras teclas y empieza a desandarlas con la maestría de quien no deja pasar 24 horas sin intimar con el más cómplice de sus amigos. Él sabe muy bien cómo ensimismar al público, sacarlo de cualquiera que sea su contexto y arrastrarlo hacia el universo de la pieza que interpreta. 

Leonardo Gell es un joven inquieto, de charla amena e inteligente, que adora la pedagogía y la comida casi tanto como ama la interpretación. A él no le preocupa convertirse en compositor, tiene muchos amigos que componen para él, como el costarricense Marvin Camacho y el colombiano Julián de la Chica, con quien prepara actualmente el concierto para piano y orquesta “El vagabundo” y el recital “Minimal piano, de Bach a de la Chica”. La mayoría de sus discos han sido obras grabadas en premier discográfica, lo cual implica un verdadero reto para el artista. 

Gell confesó que en los ratos de melancolía, incertidumbre o angustia, acude recurrentemente a dos obras: “A mi hermanito lindo”, de Aldo López Gavilán y “Volver a Cuba”, de Hernán López-Nussa.

La primera de ellas no solo lo describe como persona, sino también está vinculada a una anécdota familiar entrañable: es la dedicatoria escrita en el arpa de un piano de bronce en miniatura que ensambló y pulió su hermano para él.

Son esas precisamente las conexiones que va creando el intérprete con cada pieza; las historias que vuelan detrás de cada acorde. De ellas sale la intensidad y la vibra con que los dedos o el alma del pianista se desplazan sobre el mágico universo de teclas. Universo que para Leonardo Gell es una forma de vida.

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