El tío Vania. De Chéjov a Celdrán

Categorías: Teatro

por: Redacción Vistar / fotos: Robin Pedraja, Ronin Novoa

Nuevamente Argos Teatro se lanza a la búsqueda de realidades paralelas a través de textos con temas universales, pero referentes diversos.

Las tablas están a media luz. Por encima del estrado se escuchan los pasos del sonidista. A un costado los actores se visten, toman café, se preocupan unos por otros: “¿te sientes bien?”, “¿te acuerdas de todo?”. Entonces salen al ensayo.

“Súbeme la lluvia. La lluvia no se oye”, indica Celdrán desde el centro de las gradas. Y continúan: “¿Quieres un poquito de ron? No, pasa esa parte, así está bien. Ahora sigue tú, Yuliet”, les dice nuevamente Celdrán, al que siquiera miran porque más que su director, es una suerte de conciencia en off.


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Luego llega el público y la pequeña sala, que antes tenía las medidas exactas para no sentirse enclaustrado, se reduce aún más. Cerca de cien personas comienzan a asistir todos los fines de semana para ver cómo El Tío Vania, un clásico del ruso Antón Chéjov, logra superar las distancias e imponerse en el contexto cubano.

“Buscamos una historia dentro del texto”, nos comentó Carlos Celdrán. “Vania tiene, no un reflejo directo de la realidad, porque la realidad es múltiple, sino un acercamiento subjetivo. Ese repasar el tiempo perdido, los ideales… me parece muy interesante para dialogar con la subjetividad de las biografías del presente, de nosotros mismos, que nos podemos plantear esas preguntas cruciales”.

Son precisamente el sentimiento de fracaso individual, el tedio, el desamparo existencial de siete personajes ubicados en una casa de campo quienes sirven de pretexto a esta compañía para demostrar, una vez más, que el éxito de las representaciones no está solo en la obra, ni siquiera en el elenco (que vale señalar, es de primer nivel), sino en la destreza con que se mueven los hilos de la trama y se logra identificar al público con la propuesta.


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