De Fernando Martínez Heredia, su lucidez

Categorías: Especiales

por: Xenia Reloba / fotos: Internet

Fernando Martínez Heredia no era “como de la familia”. En puridad, ni siquiera un mentor, de esos que he ido atesorando en los últimos años aquí y allá: los que me han convertido en esta persona peleona e inconforme que me gusta ser, a pesar de los no pocos dolores y encontronazos que a menudo este tipo de actitud provoca.


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Pero, de algún modo, Fernando era “como de la familia” por ese tono cálido que primó siempre en nuestros encuentros, ese afecto espontáneo que parecía fluir, las veces que interactuamos, básicamente por trabajo, o bajo el común cariño de algunas personas: Esther Pérez, cercana y natural, Aurelio Alonso, o esa familia de jóvenes pensadores y pensadoras imantados por su trayectoria y su civismo.


Y es esa última cualidad la que me lo trae hoy, junto con ese tono reflexivo, sin exaltaciones ni estruendos, para pensar nuestra realidad. El acto de pensar sin aspavientos ni necesidad de amplificación local es una acción que asocio –entre otros y otras– con él, en un contexto en que el alarido es más recurrente, junto con las categorizaciones y descalificaciones.


En mis recuerdos, uno de los elementos más importantes es su manera de convertirse en una referencia para los jóvenes que desean pensar su país más allá de nuestras circunstancias críticas, hacer una contribución real, y luchar porque esta sea atendida por los decisores.


Una gran sensación de vacío nos recorre hoy. Notaremos su ausencia.

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